La primera vez…

Para muchos, y especialmente para aquellos que nunca han practicado el senderismo, todo esto de las caminatas suena muy sencillo; al fin y al cabo… ¿No caminamos todos días?
Si, realmente es algo que hacemos todos los días, que llevamos años practicando y en lo cual nos sentimos los maestros, pero el senderismo es algo distinto. Con esta actitud, a principios de 2018 emprendí mi primera caminata. Conociendo con cierto detalle los alrededores del Embalse Del Neusa, decidí empezar en un territorio familiar, y, con morral al hombro, cargado de agua, barras de proteína, un par de sándwich, impermeable (pantalón y chaqueta), saco, gafas de sol y una gorra llegue al desvío de para subir hacia la reserva forestal; deje el carro parqueado, y empecé a caminar… De entrada, sabía que no sería una caminata fácil, el terreno es destapado, la pendiente es fuerte y la altura (3058 msnm) no son nada para despreciar, sin embargo, JAMAS me imagine que fuera a ser TAN duro. No había andado más de 100 m cuando sentía el corazón a 1000, las piernas estaban cansadas y todo en mi cuerpo me decía que debía volver, montarme en el carro y volver a casa a ver una película en la comodidad de mi cama.
 
Pero soy terco, y mientras mi cabeza luchaba contra mi cuerpo por dar “un paso más” empecé a ver cómo me alejaba de mi punto de inicio y como poco a poco la meta se veía cada vez un poco más cerca, el sufrimiento no se detuvo, respiraba con dificultad, sudaba un montón y sentía que el corazón se me salía del pecho con cada paso, adicionalmente, sentía una alegría infinita, veía que mi mente estaba sobre mi cuerpo y que la voluntad siempre puede más de lo que uno mismo cree.
 
Subir hasta la cima me tomo aproximadamente 1 hora, en las cuales hice muchísimos descansos, unos de 2 minutos otros de hasta 5, pero siempre tenían en mente lo que quería lograr, no perdía de vista el objetivo y con el pasar de los metros más emocionado me sentía, ya no estaba tan cansado, la frecuencia cardiaca se estabilizaba y las piernas ya no dolían (o si lo hacían no me importaba). En ese momento era yo, estaba rompiendo mis propias barreras y me daba cuenta de que todas (o al menos la gran mayoría) eran mentales, eran anclas que me impedían hacer lo que me gustaba, lo que me emocionaba y lo que me hacía sentir vivo; ¿cuántas veces cambie una caminata por un par de horas más en la cama viendo una película? ¿O por una noche de parranda y copas con los amigos? ¿O incluso por quedarme sumido en mis pensamientos acostado? No es que me arrepienta de las películas que vi o de las parrandas y los amigos; es que nunca me había sentido tan vivo como cuando estaba en la montaña, y eso era un hecho, eso es lo que me apasiona.
 
Una vez en la cima, donde creía que todo iba a terminar, me sentía exhausto y eufórico, por primera vez quería continuar, pero las piernas no daban, mi cuerpo se negaba a obedecer, no como al principio, no, realmente no podía dar un paso más… Sin pensarlo escogí la piedra más cercana, me senté, tome agua, comí una barra de cereal y descanse, deje que mi cuerpo se relajara y mi mente (en ese momento atestada de metas, recuerdos, alegría, dolor, cansancio, etc.) se despejara. No pasaron más de 10 minutos cuando todo estaba en orden de nuevo, mi cuerpo con energías renovadas, mi mente clara y con una meta: caminar un poco más. Así, me desvié de la carretera y me dirigí hacia el páramo, veía la cumbre tan cerca que casi podía tocarla; pero me equivocaba, todavía falta la parte más dura, los ascensos más fuertes, las bajadas más empinadas, los pasadizos más estrechos y lo más duro: caminar por la maleza…
Para este entonces había caminado más o menos 3.3 Km y había ascendido hasta 3500 msnm. Sin mapa, sin ruta marcada y solo con mi sentido de ubicación, camine y camine y camine, ahora si me sentía morir, pero ya tenía mi mente en el objetivo y no iba a dejarlo ahora; quería llegar al punto más alto de esa montaña. Hasta este punto me faltaban únicamente 1.7 Km, los cuales recorrí en poco más de 1 hora, subí y baje, camine por piedra y entre árboles, y cada paso me maravillaba con el paisaje… No sé si lo que hizo que este trayecto durara tanto fue la dificultad de este, la cantidad de fotos que tome o una combinación de ambas.
 
Finalmente, tras caminar unas 2 horas llegue a la cima, sentía y veía el mundo a mis pies, todo estaba debajo mío. Curiosamente no había ni una sola nube, lo que me permitió ver la naturaleza en todo su esplendor. En ese momento me senté, almorcé y descansé, estaba en paz, tenía la mente despejada y sentía que era capaz de todo.
Estuve así más o menos 1 hora, relajado, mirando y pensando… Fue en ese momento cuando me di cuenta de que los negocios y las caminatas no son tan distintos, ambos requieren esfuerzo, sudor y lágrimas… Además de poco sueño y muchos sacrifico.
Con ese pensamiento en mi mente, comencé a descender hacia mi punto de partida, ya tenía una idea y no la iba a dejar pasar tan fácilmente… Así comenzó todo esto.
Si te interesa seguir esta ruta:
 

 

0 Comments

Deja un comentario